The Utah Sloans

11/02/2011

 

Phil Johnson, su eterna mano derecha, y Jerry Sloan despidiéndose

La voz rota y lágrimas en los ojos. Así se despidió Jerry Sloan del baloncesto profesional en Utah. Una versión muy distinta del hasta ayer coach de los Jazz a la que hemos visto en sus impecables 23 años de servicio en Salt Lake City.

Nunca antes lo vimos superado por las emociones mientras se convertía en el único entrenador en la historia de la NBA en conseguir más de 1.000 victorias con un mismo equipo. O cuando lo único que se interpuso en su camino para convertirse por dos veces consecutivas en campeón de la NBA fue un jugador llamado Michael Jordan. Pero los sentimientos le pudieron ayer en la rueda de prensa en la que se despedía de una franquicia de la que ya es una institución tan grande como lo son John Stockton o Karl Malone.

Sloan & Johnson, con Stockton. Finales de los ’90: los mejores años

No hubo emoción o sentimientos a flor de piel, en cambio, cuando le preguntaron por los rumores que indican que su marcha se debe a la pérdida de la batalla abierta que al parecer tenía con la estrella del equipo, el base Deron Williams. Los máximos dirigentes de los Jazz hicieron cuanto pudieron por tirar agua al fuego a la evidencia de que la relación entre Sloan y Williams se venía deteriorando exponencialmente en las últimas semanas.

Puede que sea algo criminal decir que Williams ha empujado a Sloan al abismo, puesto que por muy buena carrera que lleve D-Will en Utah (que la lleva), le faltaba todavía mucho currículum para poder tener el mismo nivel de autoridad de Sloan con la familia Miller, propietaria de la única franquicia profesional del estado de Utah.

Dice el Salt Lake City Tribune que esto es lo que venía pasando: Williams presionaba off the record al staff técnico de Sloan para que diera más minutos a los miembros más jóvenes del roster de los Jazz, especialmente a C.J. Miles. Sloan, por su parte, estaba comprometido consigo mismo a seguir luchando principalmente con los veteranos en los que él tanto confiaba (léase, Raja Bell o Andrei Kirilenko). Es precisamente la, según algunos miembros de la plantilla de Utah, excesiva confianza que mostraba al ruso nacionalizado norteamericano lo que irritaba más, viendo como AK47 acumulaba lesiones y se ausentaba ocasional y misteriosamente de algunos partidos. Conflicto interno, en resumen. Pero hay más.

El privilegiado trato de Sloan a AK47 está ahora sobre la mesa

Se acusa a Sloan de no haber modificado el ritmo de juego a media pista que triunfó a finales de los ’90 con Stockton y Malone como piedras angulares y que llevó a los Jazz a dos finales consecutivas de la NBA. Williams no tragaba con eso, y parece que insistía en cambiar algunos sistemas en busca de una aceleración del ritmo de los partidos. Puede que Deron Williams utilizara este argumento para salir de los Jazz en dos años, cuando se convierta en agente libre.

Pero la gota que colmó el vaso llegó el miércoles, tras la derrota de los Jazz en casa ante la bestia negra en la longeva carrera de entrenador de Sloan y, curiosamente, la franquicia en la que triunfó como jugador: Chicago Bulls. Ese 86 – 91 no solo evidenció el error de la venta de Carlos Boozer, sino que fue la 10º derrota en los últimos 14 partidos de los Jazz. Dicen que después de ese partido, hubo una intensa reunión en los despachos del Energy Solutions Arena, en la que Sloan evidenció en boca de los dirigentes de la franquicia que el malestar de algunos de sus jugadores con su figura venía ya de lejos.

¿Culpable?. Al menos esto apuntan los medios de Utah

¿Qué se puede esperar entonces de un entrenador tan recto que prohibía a sus jugadores entrenar sin camiseta?. Hasta aquí podía llegar Sloan, pero ya no más. No iba a pensárselo unos días ni a presentarse al siguiente entrenamiento. No con unos jugadores que ahora sabía que no estaban de su lado, más cuando su exitoso método se basa en una exigencia y servitud casi militar de los jugadores respecto al entrenador. No había otra salida que la marcha del técnico ante la rebelión interna que entonces vislumbró. Coherencia, casi tanta como elegancia. Ni una mala palabra de Sloan en su rueda de prensa de despedida de ayer hacia Deron Williams. Ni un reproche.

Parece difícil tras 26 años de vinculación, pero la vida continúa y hoy saldrá el sol también en Salt Lake City. Tal como sucedió con el propio Jerry Sloan en 1988 cuando dejó la silla de assistant coach para ocupar la de entrenador jefe, mañana será Tyrone Corbin quien deje vacante su silla de asistente para pasar a ser el nuevo y debutante coach de Utah Jazz.

Johnson & Sloan lo dejan. Corbin (centro) está ahora al mando

Hoy se podrán leer en todos los mass media norteamericanos centenares de datos impresionantes que resumen el enorme éxito y carácter competitivo del entrenador de Illinois con la franquicia de Salt Lake City. Signifiquemos aquí, sin embargo, dos tremendas injusticias: nunca ganó un anillo como entrenador (la causa, llevaba el #23 de los Chicago Bulls) y nunca, aunque parezca increíble, se llevó el trofeo de Coach Of The Year (quizá porque muchos creían equivocadamente que el equipo funcionaba solo, gracias a la presencia de Stockton y Malone). Se habla hoy ya de honrar a Sloan permitiéndole que dirija al equipo de la Conferencia Oeste en el próximo All-Star Game, sin saber que eso no va a suceder no tan solo porque sería un parche que el reglamento no permite, sino porque el propio Sloan jamás aceptaría tal proposición.

Así es uno de los mejores entrenadores de la historia de la NBA, y gracias a ello principalmente llegaron los éxitos. La Liga nunca será lo mismo. Admitámoslo, nunca nadie ha hecho demasiado caso mediático a los Jazz. Siempre había historias más dramáticas, a menudo más ridículas o vendibles, que lo que pasaba en el rutinario vestuario de Utah. Pero los Jazz han funcionado siempre única y exclusivamente porque Sloan lo hacía funcionar así. Este es su legado en Utah.

Toda una vida: de jugador en los Bulls, en el debut como coach con Utah y en uno de sus últimos encuentros

Afortunadamente, al menos, obtuvo en el verano de 2009 el reconocimiento que merece al ser nombrado para el Hall Of Fame, el mismo año en que lo fue, precisamente, Michael Jordan. Siempre desde la humildad y el trabajo duro, hasta en esta “competición” contra His Airness, Sloan no pudo más que acabar segundo.

2009 Hall Of Famer: capítulo final de una carrera para enmarcar


Máximo Esplendor En Las Mayores Ciudades NBA

03/02/2011

 

Hace hoy justo una semana, en las afueras del Madison Square Garden y a pesar de los centímetros de nieve que llevan acumulándose en las últimas semanas, este centro de energía urbana que es la ciudad de New York rebosaba entusiasmo.

Más arriba, siguiendo en la 7ª Avenida, las luces de Times Square enviaban incesantemente flashes de neón reflejados sobre los montones de nieve fangosa que invaden las aceras. El frío llena los taxis y abarrota los bares de la ciudad con seres de lo más interesantes. Los amantes, como los turistas, disfrutan de una ciudad única, mientras los más poderosos los adelantan a toda velocidad con coches de alta gama.

Hace hoy justo una semana, pero ya dentro del Madison Square Garden, los Knicks recibían a los Heat y evidenciaban que, por fin, lo que pasa dentro del MSG es más interesante que lo mucho y muy variado que puede pasar fuera.

Spike Lee siempre estuvo, pero ahora llegan muchos más al MSG

Por primera vez en mucho, mucho tiempo, el deporte del baloncesto profesional americano está arriba del todo, en la cresta de la ola. Desde New York a Boston o Miami. Desde Chicago a Los Angeles o Dallas. Las ciudades más importantes de Estados Unidos, todas, tienen ahora grandes equipos de baloncesto. Puede que la NBA se encuentre en su máximo esplendor.

Heat, Celtics y Lakers son claros aspirantes al anillo. Bulls y Mavericks si no lo son, están muy cerca. Y hasta los Nets, con su próximo traslado a Brooklyn (otro gran mercado potencial), tienen como propietario a un ruso multibillonario que, como poco, les hace ser bastante más interesantes de lo que lo han sido en los últimos años. O incluso los Clippers (ubicados en L.A.) son ahora una fuente continua de interés y debate sobre nueva relevancia, gracias a lo que llega a generar Blake Griffin sobretodo dentro de la pista. Así que, de repente en esta temporada, las ciudades más grandes y más importantes de Estados Unidos dejan huellas sobre las que vale tomar buena nota.

Imposible un pie de foto a la altura de esta imagen de anoche

Es el año pues en el que la marea NBA está más alta que nunca. El interés por el Big Three de Miami ha hecho brotar nuevos aires de renacimiento en la Liga, el share televisivo no deja de subir, los agentes sienten la esperanza de sacar buena tajada de ello…. así que si la propia NBA y el Sindicato de Jugadores consiguen evitar la huelga al terminar esta temporada, el baloncesto como deporte profesional americano puede obtener una posición dentro de la cultura norteamericana a la que no se llega desde el auge de la figura de un tal Michael Jordan.

Tomemos ahora en consideración un dato: Knicks, Heat, Bulls, Lakers, Celtics y Mavs nunca han tenido records positivos en el balance victorias / derrotas en una misma temporada. Nunca.

Nunca… hasta ahora.

Los Knicks llevaban 9 temporadas perdedoras consecutivas, en las que promediaron tan solo 31 victorias de media por año. Casi una década en la que uno de los equipos más legendarios del país, en una de las pistas también más legendarias y dentro del mercado potencial más grande, era poco más que irrelevante. Los Bulls fueron tropezando durante los 12 años siguientes a la retirada de His Airness, con solo dos temporadas ganadoras. Ahora Derrick Rose, Carlos Boozer y Joakim Noah están cambiando esa dinámica. Tras el adiós al baloncesto profesional de Larry Bird en 1992, los Celtics tuvieron 15 años de mediocridad hasta su resurrección en 2007, siendo de nuevo esta temporada el equipo a batir en el Este.

Con Rose, los Bulls y Chicago tienen estrella para muchos años

Esta tendencia ya convertida en realidad en los equipos de las principales ciudades del país apunta a nuevos posibles cambios, pues el talento demanda mejores condiciones, así que ya notamos como algunos jugadores importantes en franquicias de mercados medianos / pequeños, reclaman cuotas de protagonismo acorde con sus aptitudes baloncestísticas: Carlos Boozer dejó Salt Lake City por Chicago este verano, un par de Big Three’s fueron para grandes ciudades en 2007 y 2010 respectivamente, Carmelo Anthony está pidiendo a gritos jugar en New York a partir del año que viene, Chris Paul lleva suplicando una salida de New Orleans desde el pasado mes de Julio y hasta últimamente se habla ya con fuerza de la voluntad de Dwight Howard de abandonar Orlando para vestir de oro y púrpura en Los Angeles.

Valga el ejemplo de Miami para enfatizar la relevancia del entorno urbano y el potencial de las ciudades que acogen a nuevo talento. ¿Hubieran James, Bosh y Wade decidido jugar juntos en busca del anillo de forma inmediata en ciudades como Portland, Charlotte, Sacramento, Minneapolis, Milwaukee o Memphis?.

Seguro que no. Pero quizá sí en OKC con Kevin Durant

Y como en toda regla, hay excepción que la confirma. Nos vamos a Oklahoma City, ciudad pequeña, con mercado pequeño pero con aspiraciones muy, muy grandes. Con 31 – 17 en el balance victorias / derrotas, los Thunder son jóvenes, (muy) aptos y altamente peligrosos en los años que están por venir. Pero también han sido construidos gracias a una extraña confluencia de factores muy difícil de reproducir: draftear el talento y ser muy cuidadoso con el trato dado a su jugador-franquicia hasta conseguir que Kevin Durant prefiera vivir en esa parte del país, lejos del glamour y los focos de ciudades como New York o L.A.

Es muy loable, además de bueno para la NBA la existencia de pequeños mercados capaces de retener el talento… pero parece que cada vez será más difícil de ver.

En los próximos años cabe esperar que Dallas y San Antonio se hagan ya demasiado mayores; Miami mejorará su ya formidable equipo; Chicago seguirá progresando; los Clippers serán esperanzadores; los Knicks seguramente tendrán a Carmelo, los Nets seguirán poniendo dinero para aspirar a participar de la lucha y tanto los Celtics como los Lakers serán capaces de atraer nuevo y mayúsculo talento. Así que quizá solo Durant y sus Thunder serán el mejor baluarte ante la potencia de las grandes ciudades. Veremos.


Rip City: Punto De Inflexión

27/01/2011

 

Brillaba el sol en Portland en el primer día del Training Camp de los Blazers allá por el mes de Octubre. Media Day, lo llaman. Aparecieron todos los jugadores del roster de Nate McMillan junto con su staff técnico, con un único objetivo: transmitir optimismo mediante argumentos de peso. En base a ello, se listaron todos los daños colaterales de la temporada anterior: 13 jugadores se perdieron un total combinado de 311 partidos, 7 de ellos pasaron por el quirófano, el entrenador McMillan sufrió un desgarro en el tendón de Aquiles mientras participaba en una sesión de entrenamiento y a dos de sus ayudantes se les diagnosticó cáncer.

Sangrientos detalles ilustrados a consciencia por la franquicia ante todos los medios aquel primer día de curso de esta temporada, para ejemplificar mejor así tanto su resistencia como su potencial. La conclusión era obvia: si con todo ese infortunio, Portland había sido capaz de ganar 50 partidos, ¿qué no podrían conseguir con un ligero cambio de suerte?. Tal como lo veían ellos, el azar no había podido ser más esquivo, así que el record de victorias para este año no iba a hacer otra cosa que no fuera subir.

La unión del grupo es la primera virtud de los Blazers

Pero el deporte, como la vida, a veces, es demasiado caprichosa. Si hasta Kwame Brown, quizá el peor #1 de Draft de la historia de la NBA, diez años después y de nuevo al lado de su “descubridor” Michael Jordan, está empezando a rendir en Charlotte! ¿Qué no puede volver a suceder en Portland, entonces?

La semana pasada Portland Trail Blazers llegó a la mitad de la temporada todavía con frondosos nubarrones negros encima de su cabeza: un total de 8 jugadores se han perdido ya un total de 139 partidos, Greg Oden se recupera de su tercera operación de rodilla en 4 años, Brandon Roy debe operarse también no de una sino de las dos rodillas y a Marcus Camby le espera también el quirófano si quiere reparar su parcialmente roto menisco, siendo el quinto jugador de la franquicia que tan solo este año es operado de la rodilla.

Así que aquello que parecía imposible aquel día que brillaba el sol en Portland allá por el mes de Octubre, ha sucedido.

Camby se ha perdido los últimos 7 partidos. 6 – 1 a pesar de ello

Pero como inverosímil es la mala surte que persigue a los Blazers con el tema de las lesiones, más lo es la habilidad de la franquicia de superarla o, al menos, sobrellevarla. El año pasado, Portland perdió a sus dos centers mientras dos de sus small forwards sufrieron diversas molestias durante un largo periodo, pero supieron quitarle el polvo a un jugador como Juwan Howard, ficharon a Camby y usaron a reservas como Dante Cunningham o Jeff Pendergraph en el rol de jugadores clave para acabar metiéndose en playoffs. Esta temporada, aparece Patrick Mills con productivos minutos desde el banquillo, Wesley Matthews empieza a rentabilizar su un día cuestionada adquisición por 32.5M$ y LaMarcus Aldridge aporta números de All-Star (21.1ppg, 8.8rpg). McMillan ha sabido acelerar un poco sus sistemas ofensivos y, otra vez de nuevo, los Blazers están por encima del 50% de balance victorias / derrotas y en posición de playoffs (25 – 21, octavo en el Western). ¿Mérito? Todo.

Porque si a las lesiones añadimos que los Blazers han perdido ya en esta regular season nueve partidos en los que llegaban con ventaja en el marcador al inicio del último cuarto, tenemos también algún que otro quehacer a nivel psicológico. Aún así, el roster de Portland continúa siendo todavía uno de los más profundos de la Liga, y su entrenador uno de los mejores en cuanto a la búsqueda y rendimiento de nuevos recursos. Y es que la línea a seguir, por desafortunada, es muy sencilla: sí, no importa lo que suceda en la enfermería, hay que simplemente seguir tratando de ganar cada noche. No hay otra opción.

Nuevo equipo, nuevo contrato, mejores nº > 16.2ppg para Matthews

Recordemos en este punto que no hace mucho, los Blazers estaban entre las potenciales franquicias ganadoras de futuro en la Conferencia Oeste, en base a un núcleo formado por Aldridge, Oden y Roy. No era para menos. Pero la continua plaga de lesiones ha alterado su identidad y lo han convertido en un equipo que constantemente debe sacarse las penas de encima y volver a luchar, más que ningún otro. En cada una de las dos últimas temporadas les hemos alabado por llegar a las 50 victorias a pesar de tanta desgracia, mientras les perdonábamos por perder en primera ronda de los playoffs (2 – 4 ante Houston en 2009, 2 – 4 ante Phoenix en 2010).

Es seguro que en estas últimas semanas Nate McMillan habrá reevaluado todos sus métodos de entrenamiento pasando por cómo se viaja, cómo se come y hasta cómo se descansa, en busca del porqué de tanto mal fario. Pero tampoco se habrá olvidado de reevaluarse a sí mismo. McMillan, que por primera temporada trabaja codo con codo con el nuevo GM de la franquicia, Rich Cho, está en el último año de su contrato con la franquicia de Oregon. Así que, a pesar de todo lo hasta ahora expuesto, si la esta temporada termina como las dos anteriores, su cargo puede estar en la lista de bajas al terminar el año, aunque su desempleo no durara demasiado. Pocos entrenadores han demostrado poder hacer tanto con tan poco… y los Lakers son, ya confirmado, unos de los equipos cuyo banquillo estará vacante este próximo mes de Junio.

Sea donde sea, puede que tiempos mejores esperen a McMillan

Se avecinan pues unos próximos tres meses decisivos tanto para el futuro de los Blazers como para el del propio coach McMillan, tanto si salen del agujero negro del infortunio juntos como si tratan de hacerlo por separado.


Se Veía Venir

23/12/2010

 

A veces, también en la NBA, las cosas sí son lo que parecen. Las audiencias televisivas han aumentado un 30% en lo que va de regular season (según NBA.com), y no solo las de Miami Heat; Blake Griffin ha confirmado que, de ser requerido, participará gustosamente en el próximo Concurso de Mates (¿cómo no?); y Michael Jordan ha despedido a Larry Brown como entrenador de Charlotte Bobcats. Quedémonos en este último punto.

Larry Brown y el propio MJ hablaron el ayer miércoles de “mutuo acuerdo” y pusieron como excusa el lamentable 9 – 19 con el que el equipo de Carolina del Norte ha empezado la temporada. Pero la abrupta salida de Brown del banquillo de los Bobcats era algo que se venía fabricando desde el pasado verano. Michael Jordan había decidido entonces adelantarse a lo que posiblemente suceda el próximo verano, disminuyendo la masa salarial de los jugadores de su franquicia. Un error más. La consecuencia del mismo fue la salida de Tyson Chandler hacia Dallas y el primer descontento de Larry Brown.

Brown deja Charlotte con 88 – 108, y 1.098 victorias (6º) de coach NBA

Después está la marcha de Raymond Felton a los Knicks. Brown nunca fue un fan del juego de Felton, así que no se opuso a que el ahora base de New York ejerciera su opción de entrar en el mercado de los agentes libres. A lo que sí se opuso Brown es a que Jordan no le trajera a ningún otro base titular como sustituto, pues a la vista de todos está (también a la de Brown y a la de Jordan) que D.J. Augustin no sabe manejar a un equipo con aspiraciones de repetir el éxito de llegar a los playoffs como hicieran, por primera vez en la historia de la franquicia, la temporada pasada. Segundo desencuentro entre Brown y Jordan.

Sobra decir que pesa aquí también el hecho que Felton esté aportando números y rendimiento de All-Star en los Knicks y que Chandler haya asegurado rebote y defensa a los Mavs, catapultándolos de nuevo a aspirar al anillo. Pero ambas cosas ya no son atribuibles a Jordan y quizá sí más a Brown, que no supo hacerles rendir como ahora hacen.

Chandler es ya pieza clave de estos excelentes Mavs

Pero aunque la posibilidad de un nuevo convenio colectivo a la baja entre la NBA y sus jugadores es algo más que esperado, y el hecho de que éste, de acabar produciéndose, dará mejores oportunidades a franquicias con mercados pequeños como Charlotte, la realidad que viven a día de hoy los Bobcats es otra. Concretamente la que dice que están a un partido y medio del último lugar de la Conferencia Este, o la que dice que están en el puesto 20º en lo que a aforo de su pabellón se refiere (15.952 espectadores de media en el Time Warner Cable Arena, un 20% menos de su capacidad total).

Dicen que la reunión posterior al entrenamiento de ayer de los Bobcats entre Larry Brown y Michael Jordan fue distendida y hablan de “renuncia” para explicar lo que finalmente hizo el ya excoach de Charlotte al dejar el cargo. Si por “renuncia” la prensa americana entiende llevarse 8M$ de indemnización como ha hecho Brown, entonces de acuerdo. Uno, en cambio, no puede dejar de pensar lo bien que se puede llegar a vivir de las renuncias que la vida le pone por delante. En el caso de Brown, dejar de entrenar antes de tiempo (siempre por malos resultados) a Knicks o Pistons (entre otros), le ha supuesto unos ingresos alrededor de los 25M$. Sí, 25M$ por no entrenar. Cualquiera renuncia a renunciar.

Malas caras. Jackson, Diaw y Wallace, ante un futuro negro

Paul Silas es el elegido para sustituir a Brown de forma interina. Silas es un experimentado entrenador con pasado en la franquicia y cuya mejor virtud (al menos para Michael Jordan) es que no protestará ante los posibles movimientos que decida His Airness en los próximos meses, como sí hizo Brown el pasado verano. Y eso a pesar de que el futuro en este sentido de Charlotte Bobcats no es demasiado esperanzador que digamos. Gerald Wallace, Boris Diaw y Stephen Jackson tienen contratos largos y ganan no poco dinero, así que las opciones de que entren en posibles intercambios son poco plausibles.

Malo si, con solo 28 partidos jugados en esta temporada regular, los Bobcats deambulan por el país tan solo cubriendo el expediente y viviendo del 44 – 38 del año pasado. Otra lección más para Michael Jordan en su dura etapa como General Manager. ¿No sería mejor para todos dejarle de nuevo vestirse de corto y arreglar todo esto?

Con 47 años, ¿seguro que Jordan ya no está ni para unos minutos?


Bulls’96 v Heat’10: El Talento No Es Suficiente

14/10/2010

 

Empecemos por el final: es obvio que los Miami Heat tienen talento suficiente como para igualar (o superar) el record de victorias en una regular season (72) que mantienen los Chicago Bulls de la temporada 1995-96. El trío James – Wade – Bosh puede ser tan potente como cualquiera en la historia de la NBA. Pero llegar a un balance 72 – 10 (o superarlo) como aquel requiere algo más que talento. Necesita también de toneladas de otras cualidades, como salud, generosidad, dureza (tanto mental como física), determinación y una pequeña dosis de suerte. Un equipo que reúna todos estos atributos tiene la oportunidad de hacer historia. Pero solo la oportunidad.

Así que lo inteligente sería poner nuestro dinero en que estos Miami Heat no van a entrar en los libros de los records de la Liga, aunque solo sea por el muy pequeño margen de error que tienen los de Florida. Pero no solo es eso. Hubo también un conjunto de circunstancias que hicieron de aquellos Bulls un equipo tan dominante, ahora hace 15 años. Muchas de ellas, no corren ahora a favor de Miami. Veamos cuáles son:

Por números: El mejor equipo y ¿el mejor trío? de todos los tiempos

EXPECTATIVAS: Justo desde el momento del infame (por las formas) anuncio de LeBron James de “llevar sus talentos hacia South Beach” (sic) surgieron especulaciones sobre no solo que los Heat podían llegar a ser los mejores, sino los mejores de siempre. Pueden ser una dinastía instantánea? Cuántos anillos ganarán? Qué records romperán?… y así más y más preguntas. Evidentemente, cuando en su reciente visita a Barcelona, el Comisionado David Stern dijo que en esta próxima temporada veremos en la NBA “el mejor baloncesto jamás jugado”, no se estaba refiriendo a los Timberwolves. Así que los Heat deben saber llevar unas grandes expectativas de perfección desde el día número 1, y esto puede pesar, y mucho, en el equipo.

Aquellos Bulls no debían preocuparse por alcanzar ningún nivel de expectativa cuando empezaron el training camp en el otoño de 1995. Puede sonar extraño a día de hoy, pero por aquel entonces, de hecho, nadie esperaba que Michael Jordan & Co fueran a ser tan dominantes. En realidad, era difícil saber qué había que esperar. Los tattoos y excentricidades de Dennis Rodman acababan de llegar al vestuario después de una temporada de extraño comportamiento en San Antonio, con aquel episodio inolvidable de sacarse las zapatillas durante un tiempo muerto en medio de un partido incluido. Había serias dudas de si realmente El Gusano era la pieza que faltaba en esos Bulls o más bien un experimento que podía explotar en la misma cara de Phil Jackson.

Además estaba el propio Jordan, que acababa de volver a la NBA después de aquel corto pero intrigante (vergonzoso?) periodo como parte de la plantilla de los Chicago White Sox de la MLB de baseball. Pero cuando eres El Mejor De Todos Los Tiempos puede que en tu primera semana de vuelta a la Liga anotes 55 puntos en el Madison Square Garden y aún así haya una corriente de opinión que diga que has perdido el karma que antes tenías. Por increíble que parezca, tanto lo uno como lo otro sucedió entonces.

Con el paso del tiempo, esas dudas fueron en realidad una bendición que permitió a los Bulls armarse de forma gradual y no instantánea. De hecho, aquella temporada regular Chicago la empezó con un balance 5 – 0, seguido de derrota, entonces otro 5 – 0 y otra derrota. Imaginemos ahora que los Miami Heat empiezan este año con un balance 10 – 2 en los 12 primeros partidos… puede que nos encontremos entonces todos preguntándonos que están haciendo mal, incluso ellos mismos.

Icono del baloncesto, su paso por el baseball fue… absurdo

QUÍMICA: Puede parecer que ésta sea la última de las preocupaciones de los Miami Heat en este momento. Al fin y al cabo, Wade, James y Bosh se morían por jugar juntos. Los Bulls de 1995-96 no nacieron de la amistad y sí de la necesidad. Jordan y Pippen entendieron al momento que debían tolerar la llegada de Dennis Rodman, aunque fuera con más resignación que entusiasmo. No en vano, después de las durísimas batallas con los propios Bulls como miembro insigne de los Bad Boys de Detroit a finales de los ’80 y principios de los ’90, Rodman tampoco sentía devoción alguna en su corazón por Jordan y Pippen, precisamente.

La relación era tan impersonal fuera de la pista que ni Jordan ni Pippen intercambiaron palabra con Rodman durante aquel training camp. “Tenemos una buena relación”, debió de pensar Rodman, tirando de su lógica única e irrepetible, “no nos hablamos, pero tenemos una buena relación”. Fue particularmente duro para Scottie Pippen dar cualquier tipo de bienvenida a Rodman en Chicago, dado que el #33 de los Bulls todavía llevaba la cicatriz en la barbilla desde los playoffs de 1991, cuando Rodman fue multado con 5.000$ por empujar a Pippen fuera de la pista y golpearse éste con las sillas de la primera fila.

Pero para Jackson, Jordan, Pippen… e incluso para el cada vez más raro Rodman, la química en un equipo nunca estuvo en caerse bien ni en ser amigos, sino en tener estilos y talentos individuales que, mezclados, resultaran beneficiosos para el conjunto. Y los Bulls tenían mucho de eso. Con esos tres, eran imparables, mejor dicho. Jordan y Pippen llevaban años formando una sociedad perfecta, y el juego de Rodman se complementaba al suyo de forma excelsa. A pesar de múltiples pecados personales y excentricidades varias (todavía hoy vigentes), no hay que olvidar que Dennis Rodman era un auténtico loco del rebote. Un estudioso convertido al virtuosismo.

Si tenía ganas, Rodman podía impartir seminarios convalidables en carreras universitarias a Jordan y Pippen sobre cómo rebotear. Dennis Rodman es, por ejemplo, el que se teñía el pelo con distintos motivos cada vez más ridículos, el que se tatuaba hasta la piel de debajo de las uñas, o el que se casó con Carmen Electra únicamente para lanzar su carrera en el cine freak. Pero también es el que se quedaba horas en el vestuario de los Bulls después de los entrenamientos viendo videos de cientos de tiros fallados por Jordan, Pippen, Kukoc o Kerr con el fin de memorizar dónde iban rebotados los balones tras tocar el aro según quien fuera el lanzador. El resultado de este metódico pero enfermizo comportamiento lo veíamos en cada partido.

Así que si bien Jordan y Pippen no eran exactamente los colegas de Rodman, sus juegos encajaban perfectamente. Por el contrario, James, Wade y Bosh puede que ya sean los Más Mejor Amigos, pero nadie puede garantizar que sus estilos cuajen sin fisuras de forma inmediata. Y si van a tener que ganar 72 o más partidos, no queda demasiado tiempo para que se conozcan y complementen como lo hacía el trío de Chicago, pues la regular season comienza en 12 días.

Profesionalidad al servicio de la franquicia. Resultado, tres anillos

LIDERAZGO: En los Bulls del ’96, todo estaba claro en este aspecto: Jordan suministraba el liderazgo que en cada ocasión se requiriera, o incluso más. Las historias sobre sus discursos motivacionales a sus compañeros o su trash talking que hundía a sus rivales son ya legendarias. En el caso de los que compartían vestuario con él, se dice que gran parte de su éxito se debe a la presión continua que tenían por no decepcionarle. Para un equilibrado balance, Phil Jackson aportaba aire fresco tras las calurosas reprimendas/charlas de His Airness. Su habilidad para mantener al grupo relajado fue también parte crucial de su liderazgo.

En cuanto a los Heat, la cuestión del liderazgo no tiene respuestas demasiado claras: Es la ciudad de Wade, pero es ya el equipo de LeBron? Cuál de las dos superestrellas diferirá más? Será suficiente? Puede Bosh encontrar suficientes tiros en un rol de tercer hombre al que jamás ha estado acostumbrado?. El tema se oscurece más todavía cuando toca hablar del liderazgo desde el banquillo. Erik Spoelstra parece más joven que muchos de sus jugadores y las dudas sobre si la presencia de Pat Riley como Presidente ayudará más que perjudicará no pueden ser esclarecidas todavía. Los Bulls, con Phil Jackson, nunca tuvieron que lidiar con estos asuntos.

Treinta-y-tantos y controlado por Riley, puede éste ser el hombre?

SUERTE: O llamémosle de otra forma, salud. O mejor aún, lesiones. De hecho ya hemos visto lo frágil que este nuevo Big Three puede llegar a ser. Llevábamos solo tres minutos del primer partido de pre-temporada cuando Wade se rompió y en lo que a James hace referencia, esta pasada madrugada ya se ha perdido su primer partido (ante los Hornets) por precaución. Un par de  detalles menores de este tipo en regular season significan definitivamente apartar a los Heat del camino de la historia del que estamos hablando.

En el ’96, Jordan tuvo la suerte de empezar todos y cada uno de los 82 partidos de la temporada regular, mientras que Pippen solo se perdió cinco. No se puede saber si la fortuna sonreirá a los Heat como sonrió a los Bulls entonces.

James y Wade en el banquillo esta madrugada en New Orleans

Así que, honestamente, demasiadas piezas deben encajar, y deprisa, si se quiere considerar seriamente la opción de que estos Miami Heat puedan batir el record de aquellos Chicago Bulls de 72 victorias en temporada regular. Es posible? Claro que sí. Pero, por el momento, conseguir esa marca, o superarla, es anotar un tiro desde una distancia desde la que ni Wade, ni James, ni Bosh lo han logrado jamás.


El Rastro

01/10/2010

 

Los Charlotte Bobcats tienen el honor no tan solo de tener a las oficialmente mejores cheerleaders de la NBA. También cuentan con jugadores con un pasado para olvidar, otros que vuelven de lesiones truculentas e incluso uno que todavía intenta demostrar que no está acabado. Desde Stephen Jackson a Javaris Crittenton, pasando por Shaun Livingston, Darius Miles o Kwame Brown, el training camp de los Bobcats que estos días ha comenzado en Wilmington (NC) está lleno de hombres en distintos niveles de superación de antiguos obstáculos o que todavía andan soltando lastre.

Incluso su coach, Larry Brown, en su décimo año como entrenador jefe de alguna franquicia NBA, puede contarse entre ellos. Veamos, Stephen Jackson (30 partidos) y Javaris Crittenton (38) debieron cumplir en su día suspensiones de larga duración por mal comportamiento en pista. Livingston trata de volver de una vez por todas a la competición después de una interminable lesión de rodilla que a más de uno todavía le dan náuseas cuando se la explican. Miles tiene el doble reto de volver a la NBA después de tanto otra gran operación de rodilla como de problemas legales. Y Kwame Brown está ante un intento más de quitar-se de encima la etiqueta del peor #1 del Draft de la historia de la Liga, pero esta vez en un equipo propiedad de Michael Jordan. Sí, efectivamente, el mismo que le eligió aquel verano de 2001. Más que cómico.

All-Star por primera vez en 2010, Gerald Wallace es la buena noticia

Pero no todo es desamparo ni falta de esperanza. Valga la historia de recuperación protagonizada por Stephen Jackson. Hace 5 años protagonizó en su época en los Indiana Pacers quizá una de las imágenes más infames que la Liga ha dado en su historia, subiendo junto a Ron Artest y Jermaine O’Neal a la grada del Palace of Auburn Hills para pegarse a puñetazo limpio con aficionados de los Detroit Pistons (entrenados entonces, mira tú por donde, por el mismo Larry Brown). No hace ni un año, Jackson estaba descontento en Oackland con los Golden State Warriors y Larry Brown lo rescató para los Bobcats. Desde entonces, sus 21.1.ppg ayudaron sobremanera a meter a la franquicia de Charlotte en los playoffs por primera vez en la corta vida de la franquicia.

La imagen es mala, pero peor es el recuerdo de lo sucedido allí

Ahora Larry Brown tiene otros proyectos de recuperación entre manos en los que el mismo éxito que tuvo con Jackson parece bien lejos de poder ser conseguido. Crittenton fue suspendido el año pasado por su papel de protagonista secundario en el affaire de las pistolas en el vestuario de los Wizards. Llega a los Bobcats con un contrato no-garantizado con la mínima esperanza de llegar a tener un pequeño rol en el backcourt del equipo.

Miles, antiguo #3 del Draft, trata de volver a la actividad tras una lesión de rodilla que el propio cirujano que le operó describió como “de las que da por acabada una carrera”, que le ha mantenido fuera de las canchas durante los dos últimos años. Por si fuera poco, Darius Miles también se ha visto sentado ante un tribunal por cargos relacionados con las drogas e incluso fue en su día ya suspendido por la Liga por posesión de substancias ilegales.

Otra buena historia es la de Livingston, cuyas imágenes de su lesión en 2007 (cuando jugaba con los Clippers en un partido ante precisamente su actual equipo) todavía encogen el corazón del más sensible. Diagnóstico: dislocación de la rótula y fractura de los ligamentos anterior y posterior de la rodilla izquierda. Todavía hoy no está del todo recuperado.

Wallace, Augustin y Jackson son la cara de las muchas otras cruces

Desde fuera, un compendio de demasiadas situaciones complicadas por las que creer que todas se resolverán en beneficio del grupo parece altamente improbable. Desde dentro, a opiniones de Larry Brown o del mismo Michael Jordan, un reto mayúsculo ante sí. No en vano, y como acertadamente se empeña en recordarnos coach Brown, en 2001 consiguió llevar a los Sixers a las Finales con Iverson sí, pero también con jugadores como George Lynch, Eric Snow, Tyrone Hill, Theo Ratliff o Aaron McKie. Seguramente ningún entrenador que haya entrenado a Iverson vuelva a tener jamás miedo a entrenar, pero sea un milagro o un desafío, poco importa si no se ganan partidos. Y en Charlotte esta temporada se van a ganar bien pocos. Tan solo que Jordan tuviera de gestor un 10% de lo que tuvo de jugador… No es el caso, lamentablemente.


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19/09/2010

 

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