Filias Y Fobias 22.03.10

 

Debemos aceptar que LeBron James es, con todo merecimiento, el MVP de la NBA en esta temporada 2009-10. Y debemos hacerlo, además, valorando por encima de todo la suerte que tenemos los que amamos esta Liga de poder disfrutar de un atleta de esta índole en su mejor versión, ahora que está en la plenitud de su carrera (hasta el momento y con solo 25 años, pues su margen de mejora todavía es apreciable). Cuánto nos habríamos perdido si LeBron hubiera elegido el fútbol americano (en el que destacaba tanto como en el baloncesto) en el instituto…

Hace un par de madrugadas, James se convirtió en el jugador más joven en la historia de la NBA en alcanzar la cifra de 15.000 puntos anotados, superando a Kobe Bryant, poseedor de la marca hasta ahora, en más de 2 años (Kobe lo consiguió con 27 años). Repetiría este parágrafo para resaltar la estratosférica magnitud de este dato, pero me conformaré con pediros que lo releáis.

Esta temporada no se ha perdido ni un solo partido (solo 20 en los 7 años que lleva de profesional), con unos promedios que dan escalofríos (a fecha de hoy, 29.9ppg, 7.3rpg, 8.6apg) y que se acercan al triple-doble; pero lo que es más importante, con una sed voraz de anillo, comprometido con la causa no importa cuales sean las circunstancias (lesión de Shaq, rumores de traspaso para este verano, etc.), y dispuesto a llevar a Cleveland a su primer Larry O’Brien trophy. Máximo respeto y admiración hacia LeBron.

Pero hay más. Como algunos de los grandes genios del deporte mundial, James no queda al margen de las críticas. Las hubo referidas estrictamente al baloncesto hace un tiempo, a las que James, noche tras noche, está dejando sin argumentos. Pero las hay, cada vez más, referidas a su comportamiento en la pista, la expresión de su superioridad, soberbia, trash talking. Gestos, bailes, miradas… “chulería” lo llamaríamos para entendernos. Su “incidente” con Joakim Noah de hace unos meses fue la cúspide.

A mi me parece hasta cierto punto comprensible en este sentido. Prefiero pensar que algunas veces se equivoca en la interpretación de su hegemonía. No es fácil ser el mejor en algún deporte en Estados Unidos, soportar la presión que conlleva dentro y fuera de la pista. King James o El Elegido (“The Chosen One”), le llamaron desde el principio… Todo tiene un límite, pero quien puede poner “peros” a alguien que disfruta haciendo disfrutar a millones de fans en todo el mundo?. Quien puede poner objeciones a la evolución en el juego que supone la superioridad de James?. Yo no.

“Que hablen de uno, aunque sea mal”, dice el refranero español. También Pau Gasol (en Memphis) y hasta el mismísimo Kobe Bryant podrían hablar de los recelos/envidias que provoca ser el mejor. En el caso de LeBron, solo hace falta echar un vistazo a la web www.ihatelebronjames.com para darse cuenta que la originalidad no siempre está ligada a la razón. Decir que la economía de Cleveland está basada en LeBron James no deja en mal lugar a este último, precisamente. Quizá sí a aquella.

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