Impredecible

 

Qué es lo que hace que estas Finales sean las más vistas en Estados Unidos desde las de 2004? Porqué el Game 3 en Boston del pasado martes tuvo un 14% más de rating que, por ejemplo, el mismo Game 3 del año pasado entre Magic y Lakers? La respuesta a estas preguntas no hay que buscarla en la “rivalidad renovada” (como los mass media norteamericanos han bautizado a estas series) entre las dos franquicias más laureadas del baloncesto yankee. No.

Lo más atractivo para los telespectadores, para los analistas, para los fans de todo el mundo… lo que hace que las audiencias suban, es simplemente la improvisación que representa cada partido, cada cuarto, cada posesión. No sé, cuando Rafa Nadal juega en tierra ante, por ejemplo, Lleyton Hewitt, sabes que verás un partido de alto nivel de tennis ente dos grandes luchadores. Pero si te interrumpen, o tienes que irte, en el fondo sabes que no pasa nada porque el partido lo ganará Nadal.

Es muy curioso (y apasionante) observar como, a pesar que hoy los Lakers tienen el control de las series, a falta de dos partidos en Boston y quizá dos más en Los Angeles, no existe ningún motivo consistente todavía para decir que el anillo se lo llevarán los Lakers. Pero tampoco para pensar lo contrario. Existe algo mejor en el máximo nivel del deporte profesional que representan unas Finales de la NBA que saber que cada nuevo capítulo puede no tener nada que ver con el anterior? Que se lo pregunten a Ray Allen, se me ocurre.

Dolor de cabeza, jaqueca, malestar general… en los jugadores ante la continua incertidumbre que reresenta cada partido

De los 12 mejores jugadores de estas Finales (los dos quintetos titulares más los dos sextos hombres), solo me salen dos que presenten una cierta regularidad en su juego partido a partido. Evidentemente son Kobe Byant y Rajon Rondo. Y justito. Pau estaría en el límite, pero ni de Pierce, Garnett, Allen, Perkins, Davis, Fisher, Artest, Bynum y Odom se puede esperar precisamente un comportamiento homogéneo, como se ha venido demostrando en los tres primeros encuentros. Eso debe mortificar a los entrenadores, e incluso a los fans más acérrimos. Pero el resto (entre los que me encuentro) rezamos para que esto no termine jamás, para que se llegue al séptimo. Y porque no hay más.

Nadie puede dar motivos serios que argumenten de forma sólida y convincente hacia dónde irá el Game 4 que se juega esta próxima madrugada de nuevo en el TD Banknorth. Nadie, excepto tú.

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