Faltan Decisiones Arriesgadas

 

Kevin Garnett es el nombre de la última superestrella en jugar bien sus cartas en la siempre difícil partida que son las salidas de jugadores-franquicia de un equipo a otro. Era el verano de 2007 cuando dejó Minnesota y llegó a Boston. Primero se aseguró de no empezar a moverse buscando el traspaso demasiado pronto, para después encargarse de poder recalar en uno de los varios big markets que hay en la Liga. Y todo ello, no permitiendo que su nuevo equipo tuviera que dar demasiado a cambio de su llegada y, lo mejor de todo, consiguiendo de alguna forma no ser demasiado criticado por ello. El resultado no pudo ser más óptimo: el market, el respeto y un anillo. Todo en uno.

Pero solo un anillo. Y si bien es cierto que la ventana a la posibilidad de repetir título no está cerrada todavía para él, también lo es que se está cerrando poco a poco. Dicen los jugadores NBA que por un anillo todo esfuerzo es poco, así que KG hizo bien asegurando el tiro y yendo a los Celtics aquel verano. Pero para aquellas jóvenes estrellas (todos jugadores-franquicia) que también desean cambiar de aires, léase Chris Paul o Carmelo Anthony, y sobre las que tanto se está especulando estas últimas semanas, cabe plantearse qué tipo de traspaso deben buscar. ¿Es mejor llegar y besar el santo (estilo Big Ticket) aún a riesgo de no poder repetir en los años venideros? ¿O mejor tratar de recalar en un equipo con verdadera proyección de aspirar a lo más alto no solo una vez sino varias?

El Big Three original. Inicio y final de una bonita historia

El ejemplo de los Celtics de 2007 o los Heat de 2010 es, en cierta forma, similar. Se trata de, simplemente, juntar a tres grandes jugadores con ya una sólida carrera NBA a sus espaldas y rellenar el roster de veteranos con mil batallas en la Liga, la mayoría sin anillo pero con la voluntad de aceptar cualquier pobre rol que se les asigne a cambio de poder conseguir la tan preciada joya. Pero lo que sugiere el segundo planteamiento no es más que un nuevo modelo. Uno que, por raro que parezca, los New Jersey Nets pueden llegar a representar: jugadores jóvenes, flexibilidad salarial, bajas futuras elecciones de Draft, un jugador-franquicia (Brook López), un más que buen tirador (Anthony Morrow) y talento en el pointguard. Y en cuanto al big market… una cercana mudanza a Brooklyn no está nada mal.

Más allá de los Nets, el concepto principal del que estamos hablando es la idea de que existen más posibilidades de ganar múltiples campeonatos con un roster construido alrededor de ese nuevo jugador-franquicia, y rellenarlo de jóvenes piezas con talento y ambición. Algo así como lo que ya son hoy en día los Oklahoma City Thunder, exceptuando que en su caso, el jugador-franquicia lo encontraron vía Draft, o sea en un escenario mejor si cabe.

El problema principal radica en que muy pocas grandes estrellas de la NBA son proclives a tener este tipo de visión a medio-largo plazo. Valen los ejemplos aquí más que en ningún otro sitio de Paul y Anthony, cuya indecisión es comprensible, pero perjudica a cada día que pasa sus posibilidades de conseguir aquello por lo que todo jugador se desplaza cada día al entrenamiento: ser campeón de la NBA. Y es que no es fácil ver a un equipo cuyo balance victorias / derrotas está siempre por debajo del 50% y decir “este sitio tiene las mejores oportunidades para mí”. Se requiere fe en el management, y ese es precisamente el factor clave.

CP3 & Melo ante el primer cruce de caminos de sus carreras

Hasta un ciego podría ver que la formación del trío James – Wade – Bosh no hubiera sido posible sin la habilidad de Pat Riley de saber vender la visión que un día tuvo. Pero debemos considerar que puestos a vender ideas, es mucho más fácil convencer a tres All-Star (amigos entre sí, además) para que acaben jugando juntos, que no conseguir comprometer a una sola superestrella en un proyecto rodeado de jóvenes talentos cuyas habilidades y compromiso puede que estén todavía por demostrar. Al final, solo queda la ambición del jugador objeto del traspaso y la fe que éste tenga en el General Manager. Y eso, a menudo, no es suficiente como para atreverse a dar el paso adelante. En la NBA, la valentía brilla por su ausencia, desgraciadamente.

Como hizo Kevin Garnett, una superestrella puede juntarse con solventes veteranos y conseguir ganar un anillo. Pero si su noble objetivo es ganar varios campeonatos, necesitará anteponer su futuro a su presente. Tiene más riesgo, sí, pero la recompensa es mucho mayor. El problema es que requiere de determinación y convencimiento, y que las lesiones y la edad están ahí para ayudar siempre a que los jugadores-franquicia acaben tirándose atrás. Como en la vida, en la NBA muchas veces los sueños van por un lado y la realidad por otro. Un anillo tiene demasiado valor y si puede ganar uno hoy, mejor eso que esperar a ver si se pueden ganar varios mañana .

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