Lección #1: No Será Fácil

 

Cantaba Skye Edwards, la entonces vocalista de Morcheeba, que “Rome wasn’t built in a day”. Y lo recordaba el propio LeBron James ante los medios tras la primera derrota en el primer partido de regular season de estos Heat que se lo tienen que comer todo. Suena a discurso preparado, sinceramente, pero es del todo cierto. De hecho, se necesitó de casi una semana para crear los cielos y La Tierra según La Biblia, así que vamos a conceder un tiempo más de compenetración y gimnasio a Miami. Pongamos hasta Diciembre. No más.

Porque las expectativas creadas entorno a la franquicia de Florida son acorde con las ambiciones mostradas por el nuevo Big Three. Lo que ahora no vale, ni justo hoy después del (0 – 1) en el balance victorias / derrotas de los de Erik Spoelstra, es no pedir juicios de valor y sí paciencia. Hay que recordar que los primeros que no tuvieron de lo segundo fueron los Three Amigos al asegurar en su presentación en el American Airlines Arena de principios de Julio que venían a conseguir “varios” anillos. Es posible que lo hagan, solo un necio podría negarlo, pero un poco más de humildad y respeto por la propia competición y sus rivales no hubiera venido mal.

Los 8 triples entre Pierce y Allen fueron demasiado para Heat

Porque con la actitud mostrada a lo largo del verano por, principalmente, LeBron James, lo único que de momento han conseguido estos Heat es ser abucheados allá por donde pasen, sino más. El fenómeno que hoy vivimos es nuevo en la NBA y emana de la nueva era que esta temporada 2010-11 la Liga empieza: la existencia de una inmensa alegría en los seguidores del resto de 29 franquicias por las derrotas de Miami. Uno presume un after-hours hasta que haya salido el sol esta pasada madrugada en Cleveland, por ejemplo. Posiblemente no habrá más de 15 derrotas a celebrar, así que mejor exprimir cada una al máximo, pensaran.

Bron (31 puntos) en dos lances del partido de esta pasada madrugada

También tenía el discurso post-derrota preparado Dwayne Wade: “Perdón a los que pensaran que acabaríamos 82 – 0” (sic). No Flash, con la misma ironía debemos ser nosotros los que os pidamos perdón a vosotros por pensar que Boston (o Chicago, o Orlando, o Atlanta, o Los Angeles, o San Antonio, o Oklahoma…) os podrían ganar. De verdad. Cierto es que empezar contra los Celtics a domicilio (sabiendo que este emparejamiento puede darse en unas más que probables Finales de Conferencia) es recibir un master de viejos trucos que forman también parte del baloncesto preciosista y espectacular con el que el Big Three pretende dominar la Liga. Y también que jugar contra los Celtics frescos antes de Navidad (72 – 10 en las tres temporadas desde la llegada de Garnett y Allen), no es lo mismo que hacerlo ante el mismo equipo con las piernas cansadas de Navidad a Abril (106 – 58 en ese mismo periodo).

Pat Riley no debe preocuparse todavía. De hecho hoy mismo los abucheos viajan hacia Philadelphia, donde la victoria de los Heat será más que cómoda. Pero en el camino, alguna lección debe ser aprendida si se quiere ser responsable y profesional. Como por ejemplo una de básica: no importa lo grande y bueno que seas, ni el dinero y expectativas que generes; al final, seas quien seas, vas a acabar encontrándote noche sí noche también en vestuarios visitantes pared con pared con rivales que van a desear una cosa por encima de todas, y una sola: ganarte. Y más si juegas en Miami Heat. No olvidemos que la NBA tiene mecanismos como el límite salarial o el mismo Draft que son ejemplo de la pretensión de esta competición de ser lo más igualada posible, así que en esta Liga más que en cualquier otra cualquier equipo te pinta la cara en un mal día.

Garnett, siempre haciendo amigos. El match-up BOS v MIA promete

No estaría mal pensar tampoco que anotando 9 puntos en el primer cuarto de tu primer partido ante los ojos de absolutamente todo el mundo, es difícil ganarse el respeto. Así como convirtiendo solo el 36,5% en tiros de campo, o llegando 45 – 30 al descanso. Por el contrario, y sin querer ser demasiado impulsivo, algunas conclusiones más pueden ser útiles cara a los 81 partidos que ahora les quedan a los Heat: Si bien compartir el balón no parezca que vaya a ser un problema, tener a demasiadas amenazas ofensivas en pista sí puede llegar a serlo si no mejora la fluidez de los sistemas en ataque. Es como cuando cuatro vehículos se encuentran en una intersección: nadie se atreve a dar el primer paso. El estado físico de Wade, por otro lado, y a pesar de su 4 de 16 de esta madrugada, mejora adecuadamente y ayer se vieron síntomas de esa explosividad que le lleva a estar en la élite. Más cosas: parece confirmarse (como ya se presuponía) que el equipo gira en torno a James más que a ningún otro (Wade incluido) y en el tercer cuarto del partido de Boston se vio un James como el de Cleveland en el sentido de dominar completamente el juego con (muy) poca colaboración de sus compañeros. Es eso malo? Bueno, así se consiguieron 61 victorias en los Cavs el año pasado… Lo que sí está claro es que va a haber un problema en la posición de center en los Heat, los minutos importantes con Ilgauskas en pista irán disminuyendo con el transcurrir de la regular season cuanto más se vayan hinchando sus rodillas, y a Bosh, Joel Anthony y Udonis Haslem les falta volumen o altura, sino ambos. Finalmente la baja de Mike Miller es más sensible de lo esperado, aunque como cada día estará un poco mejor que el día anterior, queda el consuelo de que su participación a finales de invierno, cuando de verdad se decidan cosas, será óptima.

Adiós al equipo de Wade. Ahora otra estrella brilla más

No será fácil, nada fácil. Y si había dudas sobre posibilidad de ganarlo todo, ganarlo ya y paseándose; éstas están ahora más que justificadas. Lo bueno es que James & Co no deben mirar demasiado atrás para encontrar el ejemplo de lo que debe ser su evolución en la primera temporada del nuevo Big Three de Miami. El viejo Big Three de Boston tiene algunas respuestas: hay que pasar por muchos días duros para llegar a consolidar algo importante, y este proceso es tan inevitable como imprescindible. Ironicemos hoy que ya temeremos mañana.

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