El Renacer De Los Knicks

 

Si enviabas un mail el pasado miércoles por la tarde que acabara “estoy en el partido de los Knicks”, la respuesta seguro sería algo así como “ojalá estuviera allí…”. ¿Cuándo fue la última vez que sucedía algo así en New York? No en este siglo, eso seguro.

Allí está, por fin, el Madison Square Garden, hogar del baloncesto profesional de nuevo. El de más alto nivel. Lo que todos (NBA incluida) estábamos esperando desde hace tanto tiempo por fin ha llegado. Los Knicks (gracias a Amar’e Stoudemire, no nos engañemos) vuelven a ser sinónimo de espectáculo y el MSG, en consecuencia, el lugar donde todos los neoyorkinos desean estar en día de partido.

Los Celtics ganaron ese ya clásico partido del miércoles (116 – 118) gracias a un tiro de Paul Pierce a 0.4 segundos del final, y, aunque Stoudemire anotó un triple sobre la bocina que hubiera dado el triunfo a los locales, éste estaba fuera de tiempo. Qué más da! El Madison ya estaba vibrando como en sus mejores días. Y en New York, cuando vibra el Madison, el rugido resuena en toda la ciudad. Spike Lee estaba allí con su uniforme naranja y azul, Donald Trump estaba de nuevo allí también, Woody Allen… fue el 10º “no hay billetes” de la temporada, pero en ninguno como en este, la multitud estaba tan entregada. Será porque no existen dos franquicias NBA con más enfrentamientos directos que Celtics y Knicks (Boston domina a NY 271 – 170, pero ahí estamos…)

Dec. 15, 2010: BOS @ NYK Game Recap. Rivalidad renovada

Quizá hoy, ante la visita de LeBron, se supere ese magnetismo, o quizá el orgullo knickerbocker (ahora que las cosas van bien) pueda con los Heat de aquel jugador que pudo vibrar con nosotros, quién sabe. Lo podremos ver en Cuatro (02:50h). Sea como sea, el momento no es único para New York pero sí muy echado en falta. Por eso no podemos hacer más que disfrutarlo, dejando incluso de lado la razón. Y es que la temporada 2003-04 fue la última con los Knicks en playoffs, y la 2000-01 la última con balance victorias / derrotas en positivo. Se mire por donde se mire, demasiado tiempo.

El mejor y más merecido halago que se puede hacer a los Knicks de estos últimos años es que han sido un auténtico desastre. Pero, de repente, saliendo de la nada, nos encontramos con un 16 – 10 en la clasificación (aspirando claramente a playoffs, donde nadie querrá jugársela con nosotros); un jugador-franquicia que, pese a no ser nuestra primera opción este verano, está para ser MVP de la NBA; un base en el que pocos confiaban y ahora es imprescindible, un rookie que nadie conocía y que es una máquina y hasta un entrenador por encima claramente de su nivel.

Todo el mérito para Donnie Walsh, GM de la franquicia y, sinceramente, el único visionario que creyó en esto hace tan solo unos meses. Él fue quien construyó a aquellos maravillosos Indiana Pacers de los ’90 y quizá deje en su hoja de servicios también el renacer de la franquicia de New York, algo todavía mucho más grande. Bueno… todo el mérito quizá no. Mejor compartido con Amar’e Stoudemire. Porque no son los 9 partidos consecutivos anotando más de 30 puntos, no. Tampoco el cosechar este año su mejor registro anotador de toda su dilatada y fructífera carrera. Ni tan siquiera el ser el mejor jugador de la Conferencia Este en lo que llevamos de regular season y uno de los aspirantes más claros a llevarse el MVP.

Imparable. NY feliz de tenerlo. Amar’e feliz de estar en NY

Se trata de que gracias a STAT, NYK vuelve a ser una franquicia respetada, el Madison un templo en el que llevarse la victoria cuesta sangre, sudor y lágrimas, y la ciudad de New York el lugar donde los niños vuelven a jugar en los campos desde Brooklyn hasta Harlem soñando en llevar algún día la camiseta knickerbocker.

De acuerdo, el dinero ayuda. Así que pagar más de 100M$ a un jugador puede convencerle hasta de jugar en los Clippers. Pero esto es NY, afición tan cruel como entendida que, aunque ávida de una resurrección más que necesaria, andaba desesperada por llegar a este punto que en los últimos 15 años nadie había podido conseguir. El plan para Stoudemire era simple en su planteamiento pero complejo en su ejecución: “tener éxito”. Estamos en sus manos.

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